sábado, 4 de enero de 2014

SILENCIOS

Hubo un tiempo en el que el silencio tuvo el peso de una losa sobre mi espalda.
Nada que decir, nada de que hablar. Cuando las miradas son silencios, sobran las palabras. Fue entonces cuando descubrí que le había amado hasta la cordura.
Ahora es tu silencio el que me encadena a la distancia que nos separa. 
No perturbes mi paz, no lo hagas sin estar seguro de que tienes mucho que contar, de que tus silencios “nunca” tendrán aquel peso que la memoria de mis músculos no está dispuesta a olvidar.
No perturbes mi paz sin estar convencido de que tienes mucho que dar, “todo” para “siempre”.
No perturbes mi paz…
 

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